De CANF.org
Mientras agonizan
By Raul Rivero
Oct 2, 2007 - 3:14:49 PM
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El Mundo. España, 1 de octubre de 2007.
El camión de volteo entra al mediodía. Sobre la hierba indecisa del patio de la cocina deja caer, en lentas piezas grises, el pescado que van a cenar esa noche los presos. El sol ayuda. Ya sobre las cuatro de la tarde, pueden tener la ilusión de que han regresado al agua porque el hielo se ha derretido y parece que nadan en un charco de chocolate claro.
Poco después, hervidos con todas sus espinas y la plata de sus escamas, aparecen en las bandejas fatigadas en compañía de un sopón de hierba y unos gramos de pan que trajeron legiones de moscas en un carretón que arrastra un mulo con nombre de mujer.
Ese puede ser el menú de esta noche de cualquiera de los 259 presos políticos que pasan otro día más en las cárceles de Cuba, por el hecho de que no piensan exactamente igual que los miembros del buró político, del Consejo de Ministros y de otras escuadras de ciudadanos que están en el poder desde hace medio siglo. La suma de las condenas de los prisioneros es superior: llega a las cuatro centurias.
Ninguno ha puesto una bomba. A nadie le ocuparon ni una sevillana en los registros. No se halló una hoja de papel donde se convocara a un acto de violencia para derrocar a la dictadura.
Hace unos días, la señora Martha Beatriz Roque, que estuvo cuatro años de comensal de esos manjares carcelarios, fue arrestada frente a la sede del Ministerio de Justicia cubano porque reclamaba un trato justo para quienes, además de hambre y falta de atención médica, sufren frecuentes palizas en los calabozos.
Junto a ella, fueron arrestados (y luego liberados) otros 40 disidentes que trataron de acompañarla.
Este episodio y otro similar que se produjo la semana pasada en las inmediaciones de una prisión, y frente a la sede de la radio gubernamental en Santa Clara, en el centro de la isla, no son actos propagandísticos. Son gestos humanitarios. Son muestras de solidaridad con hombres que están en peligro. La muerte no cree en moratorias y tiene las contraseñas de todos los caminos.
El periodista Normando Hernández, con una historia clínica desastrosa que incluye graves trastornos de la presión arterial y tuberculosis, escribió desde la cárcel que se siente víctima de un asesinato "premeditado y sutil".
Los prisioneros, sus familiares y los activistas de las decenas de grupos de la oposición pacífica -que yo sepa- son parte del pueblo cubano, como lo es el 20 por ciento de la población que está en el exilio.
No hay un solo documento del llamado Gobierno provisional que hable de aperturas políticas, libertad de expresión, ni liberación de prisioneros políticos.
Quizás reactivar la cooperación de España con el régimen permita a los carceleros cambiar el modelo del camión de volteo.
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