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Un estado despótico a la antigua
By Laritza Diversent
Oct 3, 2007 - 10:08:24 AM
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LA HABANA, octubre (www.cubanet.org) - Hace 6 mil años se registraron en la historia de la humanidad las primeras organizaciones políticas. Estas surgieron y se desarrollaron en el antiguo Oriente: China, Egipto, Mesopotamia e India.
Estos primeros estados se catalogaron como despotismos orientales, principalmente porque su estructura económica se basaba en la explotación generalizada de los miembros de la sociedad.
En plena modernidad, luego de 6 milenios de desarrollo humano, se evidencia una forma evolucionada de estas primeras organizaciones políticas: el estado socialista cubano.
El atraso económico, la insatisfacción de las necesidades, la estratificación social, la presencia de sectores capitalistas en la economía nacional, son pruebas fehacientes del fracaso e inviabilidad del socialismo en Cuba como sistema político y de la ideología que lo sustenta.
La declaración constitucional del carácter irrevocable del sistema en la nación prueba que el ideal comunista cumple en el presente la misma función que realizaba la religión en las sociedades orientales antiguas: reafirmar el sentimiento de inmutabilidad del régimen despótico.
Este ideal constituye, además, un instrumento de dominación de la oligarquía burocrática que busca el sometimiento del pueblo cubano al gobierno. También justifica ideológicamente la explotación económica de los ciudadanos.
La indefinición de la forma de estado y de gobierno de Cuba prueba otra de las semejanzas. Ambas formas de organización política presentan una compleja estructura de gobierno y administración, con una complicada jerarquía burocrática de forma piramidal que culmina en un soberano, centro del poder público estatal. Este extorsiona a la población sobre la que ejerce su explotación al amparo de sus funciones útiles como organizador de la producción y la administración.
En el plano social, coinciden los antagonismos y diferencias de clases con la inexistencia de la propiedad privada individual. La propiedad está en manos del estado y su máximo representante.
En Cuba, la falta de sentimiento de pertenencia, las limitaciones a las facultades inherentes al derecho de propiedad, en la que los ciudadanos cubanos figuran como titulares individuales y colectivos, nos demuestran que el titular exclusivo de todo cuanto hay en el país, incluso de los bienes individuales de la población, es el estado.
En la Antigüedad, los miembros de la comunidad cultivaban para sí y para el soberano. Este se valía de medidas coercitivas (contribuciones tributarias) para obtener el plus producto. Las grandes obras públicas (las pirámides de Egipto, la Gran Muralla China, los Jardines Colgantes de Babilonia) se construyeron con el trabajo forzado de gran parte de la población, que estaba obligada a realizar prestaciones de servicio personal.
En el socialismo cubano, el pueblo es obligado a trabajar para sí y para la clase política que representa al estado. Los logros sociales y los millonarios recursos que se invierten en la guerra ideológica entre el comunismo de Castro y el imperialismo de Bush son conseguidos gracias al capital social obtenido por la explotación económica de todos los miembros de la sociedad.
En Cuba, obreros, campesinos y estudiantes son obligados a trabajar. En algunos casos, tienen que hacerlo de forma gratuita. Principalmente el estudiantado no recibe remuneración por ello. Todo para obtener recursos que beneficien más a otros pueblos del Tercer Mundo que a la misma población cubana.
Lo expresado aquí demuestra la demagogia contenida en el preámbulo de la Constitución Cubana cuando dice: "que sólo en el socialismo y en el comunismo, cuando el hombre ha sido liberado de todas las formas de explotación, de la servidumbre, de la esclavitud, se alcanza la dignidad del ser humano" y que "nuestra revolución elevó la dignidad de la patria y del cubano a superior altura".
Estas coincidencias entre estados que pertenecen a diferentes momentos históricos, unos en los finales del siglo V, IV milenio antes de Cristo, el otro en pleno siglo XXI, demuestran que el comunismo sigue siendo un sueño irrealizable.
El socialismo, como sistema político, en lugar de traer progreso social y económico, nos ha retardado en todos los sentidos. Ha trabado el proceso evolutivo hacia una sociedad superior, justa y equitativa.
El estado cubano es un estado despótico a la antigua. Una dictadura que extorsiona y explota a nuestro pueblo.
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